PRICILLA
Me paré frente a Miguel y Richard, con los puños ligeramente apretados a los costados, intentando mantener la compostura. El corazón me latía con fuerza por todo lo sucedido, pero me negaba a que vieran mi debilidad.
—No tuve nada que ver con lo que le pasó a Marcella —dije con firmeza, con voz serena a pesar de sentir sus miradas juzgadoras—. Pueden acusarme todo lo que quieran, pero yo no la toqué.
Miguel me miró con expresión fría, con una mirada penetrante e indescifrable. Ya no pa