RICHARD
En el instante en que sacaron a Marcella de la habitación, algo dentro de mí se quebró de una forma que ya no pude controlar. Sentí una opresión en el pecho y todos mis pensamientos fueron reemplazados por uno solo: una ira que crecía sin cesar.
Giré la cabeza lentamente y mis ojos se posaron en Pricilla, que seguía en el suelo, con expresión de shock, intentando recuperar el aliento. Verla allí no me tranquilizó en absoluto; al contrario, empeoró las cosas, porque mi mente me decía que