Capítulo 24. Quiero un heredero.
Los días en Europa se les pasaron volando. Los titulares de la prensa les perseguían a todas partes, hablando de la pasión de los recién casados y publicando fotos de Maya y Elliot besándose y riendo en los lugares más emblemáticos del continente.
La farsa era impecable, pero para ellos la línea entre la actuación y la realidad se había vuelto peligrosamente borrosa.
A su regreso a Los Ángeles, la mansión Vance los recibió con un silencio inusual. El equipo de servicio se movía con discreción y