Capítulo 14. El Silencio que Grita.
El portazo del Bentley al salir de la mansión Vance sacudió como un disparo. Elliot conducía en un tenso silencio, con las yemas de los dedos blancas de apretar tanto el volante de cuero. La furia que sentía era una fuerza poderosa, pero no iba dirigida a Maya. Era una energía cruda, casi embriagadora.
Maya, a su lado, estaba sumida en sus propios pensamientos. Las palabras de Richard Vance la atormentaban: «vulgar asistente», «trepadora». Pero, más allá del dolor, estaba la sorpresa. Elliot ha