*—Damien:
Tomó a Layonel por la cintura y lo sentó sobre su regazo. Layonel pasó los brazos por su cuello y buscó sus labios en un beso abrasador. Comenzaron a besarse como si estuvieran famélicos el uno del otro, frotando sus lenguas y haciendo sonar sus besos en la tenue habitación. Layonel se apretó contra él, moviendo las caderas sobre su pelvis, y Damien sintió al instante su deseo cobrar vida fuertemente dentro de su chándal.
—¡Oh Dios, estás como una roca! —comentó Layonel, separándose u