*—Layonel:
Unos minutos después, ambos yacían en la cama, desnudos, cubiertos por las sábanas blancas que los arropaban, mientras el atardecer comenzaba a desaparecer y la noche llegaba. Layonel estaba de lado, acurrucado contra Damien, quien lo abrazaba desde atrás, sus cuerpos encajando perfectamente, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Damien, con su respiración tranquila y constante, besaba suavemente la nuca de Layonel, provocando pequeños escalofríos en su piel.
Layonel no podí