*—Layonel:
Esta era la mejor noche de todas.
Layonel, impulsado por la emoción y la calidez del alcohol, dejó su copa a un lado y se acercó aún más a Damien, quien seguía sentado en el suelo. Sin pensarlo dos veces, se acomodó en su regazo, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Layonel se inclinó hacia adelante para buscar sus labios, ansioso por un beso, pero justo antes de que pudiera hacerlo, Damien giró la cabeza y soltó una suave risa.
—¡Oye! —se quejó Layonel, frunciendo el ceño