Sin necesidad de palabras, la hipnotizó. La atrapó en la intensidad de su mirada, obligándola a hundirse en el azul profundo de sus ojos, a un abismo de deseo insaciable que la envolvió sin escapatoria. Alina sintió cómo el control se le escapaba, cómo su cuerpo respondía a él de una manera que jamás había experimentado. Su respiración se volvió errática cuando la mano de Viktor se deslizó con una posesión absoluta hasta su pecho desnudo, rozándolo con la suavidad de una caricia inicial, un roc