Eli estaba en la cama, el médico la revisaba, mientras Dante estaba a un lado mirando al doctor. Dante nunca estuvo en esa situación y el susto que se llevó, no fue pequeño. La miró y no quería perderla, no ahora. Eli merecía vivir, merecía vivir y cumplir sus sueños, era su ángel americano.
—¿Cómo está? — preguntó preocupado. —Se pondrá bien, ¿verdad?
—Eli, necesitas dormir. — le dijo el médico. —Hablemos fuera, señor Ivanov. —el ruso asintió.
Dante Cerró la puerta y fue con el doctor hasta