Eli tenía que avisar a su hermano, sacó el móvil de su bolso y marcó el número de Sergey, que no tardó en contestar.
—Dime Eli. — dijo con voz ronca y sería.
—Solo te quería avisar que me quedaré hasta mañana con Dante. — Sergey no lo creía.
—¡¿Te has vuelto loca?! — alzó la voz, y Eli tuvo que apartar el teléfono de su oreja. —¡Quiero que vuelvas!
—No voy a ir, pasa tiempo con Abby, soy mayor de edad y yo decido por mi vida. — colgó.
—Sergey sigue sin perdonarme, ¿No? — ella asintió. —No querí