—Me estoy dando cuenta, que te gusta la ensalada de frutas. — dijo con ternura. —Ya sé con qué chantajearte, cuando no me des lo que deseo. — se burló y ella sonrió.
—Tú en cambio solo tomas café. — dijo señalando la taza. —¿No te gusta comer? O ¿Es que no te levantas con apetito?
—No, solo me acostumbré a levantarme, beber el café y correr a la empresa. — respondió.
—Eres un hombre entregado al trabajo. — pinchó un trozo de fruta y se lo llevó a la boca del ruso, él gustoso aceptó. —Tienes que