Suspiró. Bueno, no era como si pudiera retractarse. Tal vez ahora al menos le permitiría ayudarla con su maldito coño caliente y cachondo.
—Lo he estado por mucho tiempo —admitió abiertamente—. Te deseo porque te amo, Luce.
La respiración de Lucy se cortó.
La sorpresa y la alegría la atravesaron. Pensó en la vergüenza que sintió cuando le rogó al profesor Bright que la follara. Hoy estaba notablemente ausente. Su coño aún le dolía furiosamente, pero hoy no le importaba.
Porque era Sam quien lo