GIANNA RICCI
Leonel se asomó para poder verme a los ojos. En cuanto yo desvié la mirada, me tomó por el mentón, haciendo que levantara el rostro hacia él. —¿Estás bromeando? —su pregunta parecía sincera.
—¡No! —desvié el rostro, librándome de su agarre—. ¡Por favor! Yo no tenía los ojos de color ni el cabello rubio o tan negro y bonito como el de Gianna. Mi piel no era pálida y…
—No puede ser cierto… —dijo divertido y cuando fruncí el ceño, ofendida, se arrepintió de burlarse—. Evelyn, ¿te estás