GIANNA RICCI
—Señor Ricci… —dije con timidez, sin saber como abordarlo.
—¡¿Señor Ricci?! ¿De cuándo acá le hablas así a tu padre? —preguntó entornando los ojos con molestia—. Esperaba más alegría de tu parte. Rogabas una y otra vez que te dejara regresar a casa.
—En verdad, amo estar en el convento, ese es mi verdadero hogar, por favor… —supliqué.
—¿Qué? ¿No te emociona volver a las fiestas y que te regrese tu auto?
Así que así se sentía nacer en una familia rica. No, no era suficiente para mí