GIANNA RICCI
—¿A dónde me llevas? —pregunté en cuanto noté que Matías no soltaba mi mano y me llevaba aún más lejos.
—Es una sorpresa… —dijo emocionado, parecía un niño pequeño—. ¿Estás lista?
—No sabría decirte… —contesté confundida, pero sin perder la sonrisa.
De pronto se plantó detrás de mí y cubrió mis ojos, guiándome al andar. Cuando los descubrió lo primero que vi fue un local cerrado.
—Aquí podrán vender sus galletas y toda clase de repostería. Cuando no nos demos abasto, conseguiré