MATIAS ZANNIER
Incliné el rostro hacia ella, mientras caía en cuenta de que no me importaba si no recordaba nada antes de entrar al convento, tal vez así era mejor y podíamos olvidarnos del trago amargo que significó nuestra separación, por lo menos para mí. Podía volver a conquistarla y esta vez yo era diferente, tenía poder, tenía dinero y mi corazón seguía latiendo por ella con la misma intensidad, pero ella ahora no era esa mujer libertina que le gustaba exhibirse y beber hasta perderse, aho