GIANNA RICCI
Esperé pacientemente en el convento mientras el juicio tenía lugar. Los minutos pasaron lento y no había actividad que alejara mi pensamiento de mi hermano. Cuando creí que no lo resistiría más, alguien tocó el portón del convento. Salí corriendo desde la cocina, atravesando el jardín, pero al llegar a la puerta y acercar mi mano al pomo, me detuve, temerosa de las noticias que habían llegado, así como del emisario que me las daría.
Abrí la puerta lentamente y me encontré con Matía