LEONEL ARZÚA
—No pienso comprarte nada… y exijo que me sueltes —dije molesto mientras Gianna me arrastraba hacia el interior de la cafetería. La reconocí, pues era la misma donde había conocido a Evelyn.
—En vez de que me agradezcas por haberte salvado de ese viejito molesto…
—Ese «viejito molesto» es mi abuelo.
—¡Ja! ¡Con razón! —Sostuvo la sonrisa hasta que regresó su atención hacia mí—. Solo bromeaba.
—Un café negro sin azúcar, como tu maldita alma, y un late vainilla —dijo Christian acercán