GIANNA RICCI
—Lo siento, no quise que esto ocurriera… —dije con tristeza. Una vez en el departamento tomé su mano y acaricié sus nudillos enrojecidos—. En verdad lo lamento.
—¿Lamentas que golpeara a ese hombre? —preguntó Christian divertido—. Admito que ya no recordaba lo gracioso que era golpear a un «niñito» rico en la cara.
Levanté mi mirada hacia él, no comprendía como es que estaba tomando las cosas con tanto optimismo.
—Me hubiera gustado hacer más… —agregó acariciando mi brazo. Mi piel