—¿Quieres?— le vuelve a preguntar al no tener respuesta. Pero Valentina siente un embrujo por él así que asienta con la cabeza, le está siendo difícil hablar, quizás la vergüenza, pero también el temor por el dolor que pueda sentir —te quiero escuchar— Arthur le besa el cuello tan perfecto que ella queda con sus labios entreabiertos, y su cuerpo pide a gritos ser poseída totalmente por ese hombre
—ssssí... sí quiero— musitó para luego pasar saliva
—¿Ves que lo quieres?— la mira directamente a