—Entonces, ya sabes que no soy tu madre.
—¡Habla de una buena vez, Samantha! —ordena—. Porque ahora puedo comprender tu desprecio, puedo entender muchas cosas.
—Ay, no empieces, Kiara, y vamos al grano. Dame dinero para irme y te lo diré todo. Ya que la última vez me jugaste sucio, así que dinero en mano.
—¿Acaso no ves que estoy tras las rejas?
—Ay, cierto —se ríe a carcajadas—. Por cierto… ¿Sabías que mi declaración es de suma importancia para hundirte más? Pero no lo haré después d