Valentina sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda cuando escuchó la orden de su exnovio, y lo peor de todo es que le obedeció, teniendo una lucha con su mente y corazón. Al quedar a solas, Arthur se acercó a ella con firmeza y la miró directamente a los ojos, y viceversa. La tensión se sentía y parecía que el tiempo se detuviera. Estar así, tan cerca, era una tortura para ambos, y Villarreal no pudo evitar mirar los labios de Valentina, para luego pasar saliva y subir su mirada lenta