Astrid lo miró con detenimiento.
—Así que necesitas que las cosas se sientan reales.
Luca la sostuvo con la mirada.
—Digamos que prefiero vivir algo auténtico a seguir la ruta que alguien más trazó para mí.
Astrid dejó su copa en la mesa y sonrió.
—Eso me gusta.
La conversación continuó, y con cada minuto que pasaba, la tensión entre ellos aumentaba. No era forzada, no era premeditada. Solo estaba ahí, creciendo con cada mirada, con cada pausa en la conversación.
En algún punto de la noche, Ast