CAMINO AL ÉXITO.
En la mañana Francis escucho movimiento dentro de la suite, era Elizabeth que se alistaba para regresar a la oficina.
—Buen día, dormilona, allí está el desayuno, espero te diviertas, ya me voy a la oficina adiós.
—Que tengas un excelente día y que el bello de tu jefe te reciba con un gran beso.
—Sabías que estás muy loquita, verdad Francis.
—Claro que lo sé mi querida Elizabeth, cierra la puerta al salir dormiré otro rato. Al salir del hotel, un elegante auto negro esperaba por Elizabeth.
—Bu