8. Ecos de furia en las paredes de mármol
Elara contuvo el aliento hasta que sintió que le quemaban los pulmones. Apretó la espalda contra la hilera de polvorientas enciclopedias, rezando para que la maciza estantería de caoba fuera lo suficientemente gruesa como para ocultar su silueta.
En el centro de la biblioteca, Jaxon Thorne permanecía inmóvil. Acababa de entrar, pero su sola presencia ya había absorbido toda la calidez de la estancia. A través de la estrecha rendija entre los libros, Elara podía ver su chaqueta de cuero negro, aú