67. El calor de las manos del demonio
Elara se acurrucó en la cama de Jaxon. La bolsa de agua caliente en su estómago empezaba a enfriarse lentamente. El analgésico que había tomado antes aún no había hecho efecto por completo. Una nueva oleada de cólicos volvió a atacar la parte inferior de su abdomen.
—Ah... —Elara hizo una mueca de dolor en voz baja. Se abrazó el estómago con fuerza, mordiéndose el labio inferior para contener un gemido.
Jaxon, que había estado acostado rígidamente a su lado, se sentó de inmediato.
—¿Qué pasa? ¿T