61. La justicia a punta de pistola
El eco del grito de Elara rebotó con fuerza en las paredes de acero del hangar. El tiempo pareció detenerse. El dedo índice de Jaxon, que ya presionaba el gatillo, se detuvo en seco. Los anchos hombros del hombre se tensaron rígidamente bajo su camisa negra rasgada.
Marcus aprovechó ese momento de vacilación. El hombre de mediana edad soltó una risa discordante. Intentó arrastrarse hacia atrás, acercándose a una pila de palés de madera para buscar refugio.
—¿Has traído público a este lugar, Jax