53. Un beso al borde del abismo
Elara se quedó paralizada en el umbral de la puerta. Sus pies parecían clavados al suelo, negándose a obedecer la orden de su cerebro de salir corriendo. Frente a ella, Jaxon se acercaba. El hombre ya no llevaba su máscara de arrogancia. Lo único que quedaba era una fragilidad brutal envuelta en ira y un deseo incontrolable. Su torso desnudo, cubierto de moretones y tatuajes, subía y bajaba rápidamente; cada respiración sonaba pesada y ronca.
—Jaxon... no lo hagas —susurró Elara, levantando las