52. Tormenta en la jaula de oro
Knox llevó a Elara a casa en su modesto sedán. El viaje de regreso a la mansión Thorne se sintió como un viaje hacia el patíbulo. Elara iba sentada muy rígida en el asiento del copiloto, con la mente trabajando a toda velocidad.
Jaxon había ido a enfrentarse a Scarlett. Y Elara sabía que el hombre no regresaría ileso.
—¿Se encuentra bien, señorita Elara? —preguntó Knox en voz baja, mirándola por el rabillo del ojo—. Está muy pálida.
—Estoy bien, Knox —respondió Elara con voz ronca—. ¿Qué... qué