47. Furia sobre la lona ensangrentada
La puerta de hierro de las escaleras de emergencia se cerró, dejando a Elara a solas con el eco de la confesión de Jaxon que la atormentaba. ¿Crees que es fácil para mí mirarte con asco?
Esa noche, el hombre desapareció. No volvió a casa para cenar. No se escuchó el rugido de su motocicleta. Una ansiedad desconocida y no deseada comenzó a apoderarse del corazón de Elara. Caminaba de un lado a otro en su habitación, mordiéndose el pulgar. Resultaba que esta farsa de odiarse mutuamente estaba dest