25. Una invitación al camino del infierno
La amenaza que Jaxon le había lanzado en el pasillo del campus esa tarde seguía ardiendo en los oídos de Elara. Un cobarde que aún puede destruirte con un chasquido de dedos. Esa frase no dejaba de dar vueltas en su cabeza, envenenando cada uno de sus suspiros mientras caminaba arrastrando los pies hacia la bulliciosa cafetería de la facultad.
Elara dejó caer su bolso de lona con brusquedad en una de las sillas vacías en un rincón de la cafetería, y luego se dejó caer en ella pesadamente. Le tem