20. El eco de una amenaza y un ruido en la ventana
La respiración de Elara era sumamente agitada mientras se ponía en pie a gatas desde la alfombra del pasillo. Sentía las piernas como si fueran de gelatina, pero su instinto de supervivencia la obligó a alejarse inmediatamente del Ala Este.
Corrió a trompicones por el suelo de mármol hacia su habitación en el Ala Oeste. En cuanto entró, cerró la puerta de roble de un portazo y echó la llave dos veces con las manos temblorosas.
Elara se dejó caer detrás de la puerta, abrazando sus rodillas contr