LLEGANDO A LOS ÁNGELES
CAMIL ARAY
Durante todo el vuelo de cuatro horas, desde Atlanta a Los Ángeles, solo rece por qué mi hija estuviera con sus tíos, y no del otro lado del mundo. Estaba muriendo de tanto extrañarla sin saber que había alcanzado a ver, o qué le había dicho su padre de esa forma tan extraña de partir a mitad de la noche a rumbo desconocido. Emira no era una niña tan apegada a mi, pues de pequeña se acostumbró a mi ausencia los días de guardia; pero nunca pasó tanto tiempo