DOBLE O NADA
FARID ARAY
—No sabía que teníamos fijada una hora para llegar, nadie me avisó— protesté sin dar siquiera los buenos días. Había tenido demasiada paciencia, pero mis deseos de soportar a Abdel y su arrogancia se iban desvaneciendo. Odiaba ese intento de presión que tenía mi vida patas arriba.
Abdel Kaya estaba molesto, se lo veía en el rostro; y su hija Yamila parecía que le estallarían las mejillas por la ira. Eran demasiado altivos, para solo ser una familia con influencias, ya