DIÁVOLO III. CAPÍTULO 40. Al margen
DIÁVOLO III. CAPÍTULO 40. Al margen
La mañana entraba tímida en la hacienda, atravesando las gruesas cortinas de la sala principal. Aurelio estaba sentado en la cabecera de la mesa larga, con el ceño fruncido y la mirada fija en el pedazo de dron que Enrico sostenía entre sus manos. Era un aparato de casi ochenta centímetros, con un diseño angular y sin marcas visibles, claramente de última generación.
El silencio se extendía, pesado, hasta que Enrico rompió la quietud.
—No es ni de la policía