DIÁVOLO II. CAPÍTULO 41. Un semental
DIÁVOLO II. CAPÍTULO 41. Un semental
—No es lo que comí… Es… ¡Dios! Es tu perfume. ¡Es insoportable! —Su expresión era de verdadero disgusto y Adriano parpadeó, sorprendido.
—¿Mi perfume? Pero… es el mismo de siempre. El de todos los días. ¡Me lo vienes oliendo desde hace casi medio año, ¿y ahora te vas a poner tiquismiquis con…?!
Eyra cerró los ojos y se apoyó en el tronco, como si escucharle hablar también fuera demasiado. Y Adriano estaba a punto de solar un alegato de autodefensa y otro de