79.
CHRIS
La casa se va apagando de a poco, como si respirara más lento cuando llega la noche.
Max ya duerme. Lo sé porque pasé por su cuarto dos veces, innecesariamente, solo para confirmar que el ritmo de su respiración sigue parejo, que su yeso asoma entre las sábanas y que todo está en orden. Es una costumbre vieja, una que no se me fue nunca, ni siquiera cuando ya no vivíamos bajo el mismo techo. Cerrar su puerta con cuidado me deja siempre la misma sensación: alivio y vértigo.
Después vuelvo