55.
CHRIS
La veo antes de que ella se dé cuenta de que estoy ahí.
No porque esté espiando, no porque quiera invadirla, sino porque esta casa todavía tiene esa costumbre vieja de cruzarnos sin avisos, de compartir los espacios como si el cuerpo supiera dónde está el otro incluso cuando la cabeza intenta olvidarlo. Sophie está de espaldas a mí, de pie junto a la ventana del salón, con el teléfono en la mano y los hombros tensos. La luz de la tarde le cae de costado, marcándole el perfil, y durante un