104.
CHRIS
Le sostengo la mano y no la suelto.
No sé si ella siente la presión de mis dedos o si apenas registra que sigo acá, pero yo me aferro como si soltarla fuera lo mismo que perderla. Su piel está fría, húmeda, temblorosa. Cada espasmo que recorre su cuerpo me atraviesa a mí también, como un eco brutal que no puedo apagar.
Estoy ansioso. Desesperadamente ansioso.
Miro su rostro y me cuesta reconocerla. Está pálida, agotada, con los labios entreabiertos buscando aire. Cada respiración suya es