BERENICE SPOTI
Por un breve momento nos vimos a los ojos, haciendo que el silencio se volviera profundo y solo el llanto de los niños se escuchara.
—Mario… por favor —dije sin desenganchar mi mirada de la de Carla. De inmediato mi sobrino corrió hacia la habitación donde estaban los bebés—. Brian lleva a los trillizos a su cuarto, todo ya está controlado.
—¡No! ¡Esa mujer tiene que pagar! —gritó Leonardo iracundo, era como ver a Eliot en miniatura. Tan feroz como su padre, como sus tíos, como