BERENICE SPOTI
—Mi linda muñequita, solo soy lindo contigo —contestó estrechándome con más fuerza—. Tú eres la única en mi corazón. Soy solo tuyo, te lo juro.
Por fin decidí verlo a los ojos y noté como mi labio inferior estaba temblando, por más que quería aguantarme, no pude y terminé agachando la mirada, dejando que las lágrimas cayeran, aumentando la intensidad de su angustia.
—¿Estás segura que solo es eso o hay algo más? —preguntó con la ternura que se le pregunta a un niño pequeño, mien