JIMENA RANGEL
Parecía que la armonía entre Cristine y Sofía no era suficiente para que los niños rompieran la tensión. Leonardo era el que encabezaba los ceños fruncidos, viendo a los mellizos de pies a cabeza con desconfianza.
—Mario, ¿recuerdas cuando te dije que las chicas menores de 8 años eran todas tuyas —susurró Luca codeándolo sutilmente, entonces el pequeño vio a Clara y se sonrojó de inmediato—. Anda, nos conviene emparentar con una familia de doctores.
—¡Luca! —exclamé con la firm