JIMENA RANGEL
—Entonces… —Sofía parecía no poder asimilar toda la información que le había dado. Sus ojos denotaban que estaba haciendo memoria, recordando cuando recién nos conocimos, dándose cuenta de que mis días más sombríos no eran por el exceso de trabajo, mis noches de lágrimas no eran por problemas económicos, cada lágrima que solté en ese entonces tenía nombre y apellido.
Su mano se deslizó por las sábanas, intentando alcanzar la mía. Sus ojos se llenaron de lágrimas y por cómo traga