DEREK MAGNANI
Cuando el abrazo se disolvió, nos quedamos un momento viéndonos Cristine y yo, compartiendo una sonrisa. Sentía una clase de calor en el pecho y era capaz de pensar en ella como una hermana menor. Me inspiraba tanta ternura.
—No te acostumbres a acercarte tanto a mi mujer… —escuché la voz profunda y gruesa de Eliot, entonces lo vi atravesando la puerta, cargando a uno de los trillizos que parecía haber estado llorando, y sin ganas de soltarse del cuello de su padre.
—¿Cómo puede