DEREK MAGNANI
—¿Es en serio? —pregunté cuando me vi al espejo y noté que no solo el atuendo era elegante, casual y costoso, sino que era idéntico al de Eliot. Cuando volteé hacia él fue como si nunca me hubiera apartado del espejo, sobre todo porque estaba haciendo el mismo gesto de desagrado que yo.
—¡Ay, lo siento! Siempre quise tener gemelos para vestirlos igual —dijo Zafrina entre risas—. No te quejes, Eliot…
—Derek… —corrigió Eliot—. Derek es quien se quejó, no yo. —Puso su mano en mi pech