Capítulo sesenta y uno

Vuelvo a tocar mi vientre y me inclino buscando alivio, esto duele demasiado.

— ¿Estás bien? ¿Quieres que te lleve al hospital? — De repente, todo ha vuelto a la normalidad.

Seguimos caminando y mi hermana sigue con su teléfono, no sé qué tanto hace.

— ¿Has logrado convencer a Milo de que no hable? — No tengo la menor idea de lo que habrá respondido o si no lo ha hecho.

Reviso mi bolso y mi ropa y me doy cuenta de que no tengo el teléfono ¡Lo que me faltaba!

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