Capítulo sesenta
Vuelvo a tocar mi vientre y me inclino buscando alivio; esto duele demasiado.

—¿Estás bien? ¿Quieres que te lleve al hospital? —De repente, todo ha vuelto a la normalidad.

Seguimos caminando y mi hermana sigue con su teléfono; no sé qué tanto hace.

—¿Has logrado convencer a Milo de que no hable? —No tengo la menor idea de lo que habrá respondido o si no lo ha hecho.

Reviso mi bolso y mi ropa y me doy cuenta de que no tengo el teléfono. ¡Lo que me faltaba!

—Escríbele tú, por fav
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