Vuelvo a tocar mi vientre y me inclino buscando alivio; esto duele demasiado.
—¿Estás bien? ¿Quieres que te lleve al hospital? —De repente, todo ha vuelto a la normalidad.
Seguimos caminando y mi hermana sigue con su teléfono; no sé qué tanto hace.
—¿Has logrado convencer a Milo de que no hable? —No tengo la menor idea de lo que habrá respondido o si no lo ha hecho.
Reviso mi bolso y mi ropa y me doy cuenta de que no tengo el teléfono. ¡Lo que me faltaba!
—Escríbele tú, por fav