Capítulo sesenta y ocho

Intento quedarme tranquila, no quiero discusiones, ni que se me suba la ira a la cabeza y menos cuando debo dar el seno a las niñas muy pronto.

— ¿Qué estás diciendo, querida? Si esta muchacha se la pasaba metida aquí, y te aseguro que no venía a consultas ginecológicas y con tanto grito y quejido, antes estoy impresionada de que solo hubiesen sido tres — Observo como Milo cierra su mano libre en un puño, intentando contenerse, yo no sé si podré lograrlo, solo quiero salir de este asce

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