Capítulo ochenta
—¿De qué diablos hablas? —No entiendo lo que quiere decir. Me fastidia el líquido que ha vertido sobre mí; es muy pegajoso y creo que debo irme a casa a darme una ducha.

—Chicas… —Escucho levemente la voz de Aisha, aunque solo me interesa la respuesta de la idiota de Litia.

—Siempre me has tenido envidia, mi vida era increíble hasta que interviniste; ahora puedes ser feliz porque has logrado lo que querías. —La miro como si se estuviera enloqueciendo.

—Chicas…

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