Capítulo ochenta y uno

— ¿De qué diablos hablas? — No entiendo lo que quiere decir, esto es muy pegajoso y creo que debo irme a casa a darme una ducha.

— Chicas… — Escucho levemente la voz de Aisha, aunque solo me interesa la respuesta de la idiota de Litia.

— Siempre me has tenido envidia, mi vida era increíble hasta que interviniste, ahora puedes ser feliz porque has logrado lo que querías — La miro como si se estuviera enloqueci

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